jueves, 2 de junio de 2011

Ganar y/o pasar a la historia

En el fútbol, como en cualquier otra disciplina, me parece demasiado osado calificar a un equipo como el mejor de la historia. Sobre todo porque sólo tengo conocimiento real de los últimos 20 años. Pero en ese tiempo el Barcelona de Guardiola es el conjunto que más se ha acercado a la perfección. Alex Ferguson, tras concluir la final del pasado sábado, afirmó que nunca se había enfrentado a un rival de esa envergadura. Y el técnico del Manchester United sí que me parece una voz autorizada.

El Barça ha demostrado una superioridad aplastante a lo largo de toda la temporada, por victorias y por encima de todo, por juego. En los cuatro enfrentamientos que disputaron frente al Real Madrid quisieron vender una igualdad que tras la conclusión de la campaña ha retratado a cada uno: una Liga y una Champions para el club culé y una Copa del Rey para la apuesta resultadista de Florentino Pérez.

La época que está marcando el conjunto azulgrana ejemplifica que la apuesta por un fútbol ofensivo, de toque y que no piensa más allá que en las virtudes de uno mismo es la base más sólida para lograr el éxito. Mientras unos miman su cantera, le dan continuidad y la proyectan hacia su primer equipo, otros dan bandazos intentando recorta distancias a golpe de talonario, renunciando a la grandeza de la que siempre han presumido, pregonando un discurso que ha calado en una grada que prefiere comprar las excusas de un demagogo a rendirse a la evidencia.

Hace un año el Inter de Mourinho ganaba todo en Italia y alzaba la Copa de Europa. Hace poco más de un mes el equipo del entrenador portugués ganaba la Copa del Rey. ¿Por qué nunca alcanzarán la excelencia? Porque hay equipos que ganan, mientras que otros además de ganar, pasan a la historia.

viernes, 27 de mayo de 2011

Cuando dicen que se van, ya se han ido

Agüero ha sido pionero en utilizar las redes sociales para anunciar que pretende marcharse. La web 2.0 le ha servido para ahorrarse una rueda de prensa incómoda teniendo en cuenta que hace dos semanas anunció su continuidad. Pero no ha cogido desprevenido a casi nadie. Era un secreto a voces. Sobre todo desde que presidente y jugador firmaron la renovación del argentino hasta 2014, en un acto que vendieron desde el club a bombo y platillo. Prórroga de contrato y bajada de la cláusula. Siguiente paso, la venta. Y así va a ser.

No se puede tener en el equipo a un tipo que públicamente ha expresado su deseo de irse. De cómo gestionen esta situación desde los despachos del Calderón depende que el tema les estalle en la cara, en mayor o menor medida (porque todavía les queda el trago de hacer pública la venta de De Gea). Son culpables de la salida del Kun porque no han sabido armar un conjunto competitivo, que pueda pelear con todos y por todo. Culpables y reincidentes porque con Torres ya hicieron la misma operación. Renovación, bajada de cláusula y a poner el cazo. Para luego justificarse y tener como excusa el deseo del futbolista. Se van por pasta y por los bandazos de un club que para dar un paso adelante, pega cuatro hacia atrás.

Dicho esto, hay una diferencia respecto a la marcha de Torres. Agüero puede acabar en el Madrid. Algo que la afición colchonera nunca le perdonaría (a la directiva tampoco), porque se sentiría como un/a cornudo/a. Le convertiría en el enemigo público número uno y con razón. Kun llegó al Calderón siendo un niño. Era una promesa, que fue creciendo a más velocidad que el propio equipo y se ha convertido en una estrella en el Atlético y gracias al Atlético, porque con la albiceleste absoluta no puede decir lo mismo. En estos cinco años le ha dado tiempo a mamar el significado del escudo del oso y las rayas rojiblancas.

Sabe lo que ha sido y lo que ha significado. Cogió el testigo de Torres y fue el orgullo de la hinchada. Que se quiera ir es lícito, pero nunca al Madrid y dejando 45 kilos. Por respeto, por agradecimiento y por vergüenza.

jueves, 19 de mayo de 2011

Despedidas dispares

Quique Sánchez Flores y Diego Forlán abandonan la disciplina del Atlético de Madrid de una manera muy diferente

Un año después de conquistar la Europa League, dos de los héroes del triunfo rojiblanco en Hamburgo viven sus últimos días vinculados al Atlético de Madrid. Quique Sánchez Flores aprovechó el encuentro ante el Hércules para despedirse del Calderón con todos los honores. El técnico recibió el cariño y el agradecimiento de una grada que coreó su nombre con el misma ritmo con el que idolatraron a Radomir Antic en los noventa.

Era de justicia que Quique se marchara por la puerta grande. Los dos títulos europeos, tras 14 años sin abrir las vitrinas, son más que suficientes para que se haya ganado un puesto destacado en la historia más brillante del conjunto de la ribera del Manzanares. Además de las copas, como herencia deja la recuperación para lo útil de Reyes y una apuesta (obligada) por la cantera y ahí están Domínguez (al que rejoneó en público y eso está feo), Koke o De Gea (no se sabe por cuánto tiempo, pero se intuye que poco).

Sin embargo, en su debe está el no haber sabido gestionar el "tema Forlán" que ha terminado por perjudicarle a él, al uruguayo y sobre todo al club. Es cierto que el desencuentro del Cacha con la entidad se produjo antes que con el entrenador, pero a éste le faltó la psicología y empatía que se presupone a alguien que ha vestido de corto y que debe conocer cómo piensa un futbolista.

Forlán forma parte de los días más gloriosos del Atlético y pese a reconocer todos los errores que ha cometido, sobre todo en los últimos tiempos, merecía más respeto (lo de tenerle calentando 40 minutos en la banda, para luego dejarle en evidencia ante la prensa, sobraba) por parte de Quique Sánchez Flores.

Si el técnico ha conseguido triunfar en el Atleti, en parte, ha sido gracias a los goles de Forlán. Sin embargo, el uruguayo ha perforado las redes con Aguirre, con Abel y con el propio Sánchez Flores. Lamento que Forlán no haya recibido el reconocimiento que se ganó con sus tantos sobre el terreno de juego. La memoria colchonera le ha reservado un sitio para la eternidad y eso no se lo quitará ni un entrenador, ni la directiva, ni cuatro individuos sin memoria que le dijeron adiós al grito de "mercenario".

jueves, 12 de mayo de 2011

La agonía del descenso

A falta de dos jornadas para que concluya la Liga, hay un buen número de equipos que se pegan por eludir el temido descenso. Unos están donde se esperaba al inicio, otros se han visto envueltos por el devenir del campeonato, pero todos sufren en sus carnes una agonía sólo comprendida por aquellos que han pasado por lo mismo.

Es época de mirar calendarios, de estar pendiente de los cruces, de revisar los goles de los enfrentamientos directos. Es tiempo de maletines, pero este año menos, por aquello de la crisis. Cuando los resultados no llegan y los nervios atenazan, asoman las derrotas. Los clubes que bajan a Segunda División entran en un pozo profundo del que es muy difícil salir. Está en juego el prestigio y la economía.

De hecho, los conjuntos de la otrora llamada división de plata se reparten apenas un nueve por ciento del pastel de los contratos televisivo, algo muy alejado de lo que se cobra en Primera División. La pérdida de los ingresos supone alejarse, en muchos casos para siempre, de la élite del fútbol.

Los focos se los llevan los campeones, la zona noble acapara las portadas, pero ahora casi la mitad de las aficiones de los equipos de primera suspiran tan sólo por la permanencia. Unos sienten el desasosiego de una situación atípica, otros la padecen como algo habitual, pero todos se angustian de manera parecida.

En los campos se escucha todo tipo de insultos, de mofas, de improperios, pero pocas cosas hay más crueles que cantar eso de "a segunda, a segunda", por la cantidad de sentimientos que hay detrás. No se apuren, casi todos se salvarán y para los que caigan, mañana volverá a salir el sol.

lunes, 9 de mayo de 2011

Forlán no merece salir por la puerta de atrás

Dudo mucho que Forlán vaya a continuar en el Atlético de Madrid la temporada que viene. Ya no porque él se quiera marchar, el club le quiera vender o por la mala campaña que ha realizado, sino por el desencuentro que se ha producido entre parte de la afición colchonera y Diego.

Dudo mucho que Forlán vaya a continuar en el Atlético de Madrid la temporada que viene. Ya no porque él se quiera marchar, el club le quiera vender o por la mala campaña que ha realizado, sino por el desencuentro que se ha producido entre parte de la afición colchonera y Diego.

No sé muy bien porqué al Cacha, que para mí ha sido el jugador que más ha dado al equipo (por encima incluso de Agüero) desde la marcha de Torres, nunca se le ha perdonado una. Las desavenencias no son de ahora, vienen de la temporada pasada. El uruguayo acababa de ser Bota de Oro con 32 goles y en un tramo final antológico metió al Atleti en Champions. Su inicio de campaña titubeante puso de uñas al Calderón que se desesperaba con la falta de puntería de su delantero. Tras reencontrarse con su olfato, Forlán pasó factura por aquellos silbidos, aunque con los goles decisivos ante el Liverpool en semifinales de la Europa League y los dos tantos en la final ante el Fulham selló la reconciliación con una afición entregada a la evidencia.

Tras hacer historia con Uruguay en el Mundial y ganar con el Atlético la Supercopa de Europa, Forlán arrancó sin una pretemporada en condiciones. Su estado de forma no ha sido el mejor, los goles no han llegado y sus continuas declaraciones en las que no veía con malos ojos su salida terminaron de irritar al personal.

Cada vez que el uruguayo ha sido sincero y no ha predicado un falso amor a los colores la afición no le ha perdonado. No nos engañemos. Son profesionales que juegan donde más les pagan. Todos, incluso los canteranos que han crecido con los colores rojiblancos. A Forlán no se le ha tratado en este último año como merecía. El mejor delantero que ha pasado por el club en los últimos 25 años, por encima de Vieri o Hasselbaink, merece salir con reconocimiento y no por la puerta de atrás.

miércoles, 27 de abril de 2011

El fútbol son estados de ánimo

La frase que titula este artículo se la he oído repetir a Jorge Valdano decenas de veces. No le falta razón. El empate liguero en el Bernabéu entre Madrid y Barcelona, que por algunos fue celebrado como un éxito, a pesar de que sentenciaba la Liga, armó mentalmente a los del que se cree inventor de la pólvora (José Mourinho) y sembró dudas en los de Guardiola. Dudas que después de la derrota en la final copera de Mestalla no han hecho más que alimentarse.

Son sensaciones o estados de ánimo. Al Madrid la humillante y bochornosa goleada por 5-0 de la primera vuelta le sirvió para escarmentar. Mourinho, tan prepotente como inteligente, se percató de que a intercambio de golpes (en este caso juego y toque) el Barça le mataba y por eso ha apostado por un “rottweiler” en el centro del campo para atajar el vendaval blaugrana. De momento le ha dado resultado en la Copa del Rey (lo de la Liga no lo compro porque con el empate el Madrid renunciaba al campeonato).

Con Pepe, ese futbolista enajenado, violento y consentido por los árbitros (si jugara en otro equipo sería expulsado dos de cada tres partidos), en el la labor de “cortalotodo”, el Barcelona no está cómodo y moralmente está tocado.

Ahora llegan las semifinales de la Champions con más igualdad de la que se presumía hace diez días. Con el Madrid crecido y con los culés buscando alternativas para superar al “perro de presa”. Del enfrentamiento europeo saldrá el triunfador del duelo particular.

La Copa es blanca, la Liga azulgrana. El Madrid llega empujado por una dinámica positiva, gracias a un entrenador que ha convencido a la masa de que jugar encerrado en el Bernabéu es una heroicidad. Al Barça se le está haciendo largo el tramo final y le falta fondo de banquillo.

Duelo de colosos, choque de conceptos. ¡Qué gane el fútbol!

domingo, 24 de abril de 2011

Todo es lícito, pero no todo conviene

Cambiar el esquema de juego en un momento dado, motivado por las circunstancias, debido a las características del rival, provocado por las limitaciones de uno mismo, no es malo. El problema es cuando se traicionan los valores de la idiosincrasia, los principios de una institución bajo los que se ha construido la leyenda.

Cuando tu más directo rival te adelanta por la derecha porque es fiel a un estilo, a una forma de hacer, propicia que des bandazos intentando recortar una distancia que cada vez es mayor, que llega a provocar, incluso, que tus aficionados varíen la filosofía de toda una vida a cambio de una noche de gloria. Importan las finales y los títulos, pero también las formas. Ellas son las que encumbran y mitifican, destronan y desahucian. El fútbol es ganar, pero a algunos hay que exigirles un poquito más, por trayectoria y por presupuesto.

Yo nunca había visto al equipo más laureado del siglo XX jugar en su casa como un equipo pequeño, metido 70 minutos en su campo con once jugadores y renunciando al balón con descaro. Ni los de mi generación, ni mucho menos los de "las mocitas madrileñas". Lo peculiar del caso es que algunos que son "más papistas que el Papa" defiendan algo que no se sostiene, al último en llegar que no tiene ni idea de lo que es la esencia del escudo al que representa y que se cree el inventor de la pólvora.

A los abducidos les recomiendo que tomen nota de la opinión del futbolista más emblemático de sus 109 años de vida. Voz autorizada para sentirse abochornado de un planteamiento, de una imagen. Hay equipos que ganan títulos y engordan su palmarés y hay otros que además de eso, pasan a la historia.